La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.
                                     
Nunca he envidiado a nadie, si quieres te lo crees y si no, pues tu mismo. Descubrí en la envidia el enemigo mayor que nadie pueda tener porque se queda dentro para siempre y destroza las entrañas hasta convertir a quien cae en sus garras en desgraciada alimaña resentida y perniciosa.

Yo creo que es el pecado por excelencia y a veces tengo la sensación de que está tan extendido que hoy día es deporte nacional. No sé si es la tradicional ausencia de cultura de mi tierra, o la falta de riquezas, de industrias o de prosperidad. No sé si es el paro y el exceso de tiempo libre de demasiadas gentes.

Quizá sea una mezcla de todo junto, pero es repugnante como en estas tierras cualquier síntoma de éxito personal o de felicidad exteriorizada, se entiende como una agresión a perseguir. Como no perdonan al que es mejor en cualquier cosa, al que mas estudia, mas trabaja o mas prospera. No perdonan al que vive bien. Como odian a la mas guapa, al mas listo o al del Mercedes mas caro. Es asombroso ver como desprecian al que no envidia a nadie porque lo saben mejor que ellos y mas feliz.  Increíble. Les oyes atacar,  inventar, desprestigiar. Sanguijuelas despotricando su propia inmundicia y mal olor.

Fíjate si esto es imposible de evitar, que aquí hay que entenderlo como un síntoma que indica que todo va bien y que no te estas muriendo. O sea, aceptamos una corte de desgraciados odiándote a cada paso, como síntoma de que vas bien.Y es que en nuestra tierra y por desgracia, hay que estar muy mal para que nadie te envidie, te mire con  resentimiento o te guarde rencor. O sea, hablamos de un porcentaje de desgraciados perpetuos por metro cuadrado increíble. Porque déjame que te diga, que el envidioso es un desgraciado siempre. Por eso tienen mi sentida compasión, porque nunca saldrán de las mugrientas cloacas donde penan las almas de quienes eligieron llevar ese fuego dentro que les quema y les impide ser felices ni libres, condenándoles a sufrir para siempre en infinita penitencia. Quizá el infierno exista y sólo consista en vivir una vez envidiando y penando por creerte o saberte peor que los demás.

Porque es la envidia la mas inmunda, ruin y miserable forma de desperdiciar la vida. Es plaga que impide el cultivo de la armonía y la paz entre las gentes. Cáncer de convivencia y antítesis de excelencia alguna. No se cura ni con riquezas ni con éxito y es un complejo que se puede transmitir como cualquier otra enfermedad hereditaria a los descendientes destruyéndoles la vida a ellos también. Es un pecado que se expía con la desgracia eterna. La envidia es la prueba irrefutable de que hay personas mucho mejores que otras y que de iguales, nada. El resentido o el envidioso debe ser detectado y aislado, porque solo calman su sed y su odio con el fracaso y la desgracia de los demás, convirtiéndose por tanto en amenaza y peligro potencial para todas las gentes de bien. 

Asimismo, se puede saber cuanto de despreciable y malnacida es una persona solo conociendo sus odios y envidias, como de igual forma se puede conocer la grandeza y bondad de un individuo si lo sabes limpio de tan execrables sentimientos. Si fuera creyente, rezaría por los envidiosos, pero como soy de fe distraida, creo que no tienen arreglo y con alejarme me sirve.

Hazme caso y si estas limpio, alejate de las gentes sucias tu también, porque es de lógica aplastante que quien no disfruta de tus éxitos, solo procurará tu fracaso. En consecuencia, esperate de esta lacra, lo peor siempre.

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