La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.

un relatillo

Cuesta arrancar las botas del barro. No para de llover. El agua resbala por mi cara y empaña mis ojos en esta noche de mala suerte. Maria ya no está. Todos se han ido. Tengo miedo. Hay una siniestra mesa de metal al final del pasillo. Parece bronce, pero la patina que lo cubre de mugre añeja me hace dudar. La cochambre y la inmundicia gobiernan hace décadas esta casa desamparada. Marcas de dedos inocentes que limpian el polvo de cristales traslucidos, recuerdan que este lugar no da tanto miedo de dia.

Trozos de vidrio desparramados por el piso de barro enmohecido. Marcos de madera que anuncian que la construcción es tan vieja como los cipreses del patio. El viento se pone en mi contra en forma de crujidos y quejas de edificio cansado. No puedo descifrar los jeroglíficos increíbles que los niños dejaron en aquellos cristales. Pero las ventanas contaban historias a poco que te fijaras en ellas. La exigua luz del farol de la esquina se filtra a través de los ventanales dibujando sombras absurdas en las paredes del tétrico pasillo. A mi se me antojan fantasmales figuras que reflejan mi cobardía y el miedo que habita en estas piedras.

Me consta que en una noche así, estando solo y en un lugar como este, lo normal es tener miedo. Lo asumo, no pasa nada. Mañana con la luz del alba, esta noche será historia. Quiero encontrar a Maria. Eso es todo. No veo bien, pero voy a entrar. Me armo de valor. No quiero pensar. Controlare mi mente con frialdad. Superaré mis miedos, la encuentro, y la saco de aquí. No deberíamos haberla dejado sola otra vez. No sé cuantas horas lleva ahí dentro. Los demás decían que la vieron la ultima vez a las cuatro. Cobardes. Se han ido todos.

Me limpio la cara con la manga de mi sucio forro polar. Sujeto mi machete de dominguero inofensivo al cinto. Y sin darle mas rodeos a la cosa reviento la puerta de un patada que hace vibrar la casa entera. Estruendo de madera carcomida. Coros de ventanas que se abren y cierran al compás de mi violencia.

Maria es misterio. Oscura y siniestra, pero clara y limpia a la vez. Es lista como el hambre, esquiva como un lobo y sobre todo es la mujer con las piernas mas perfectas que yo vi. jamás. Perfectamente musculadas, perfectamente delgadas y perfectamente esbeltas. Maria sabe que no hay hombre indiferente a belleza tan nítida. Todos sabemos que en esta casa solo entra ella. Todos sabemos que ella es especial, que juega con lo exotérico, que donde ella va nosotros no llegamos. Hoy he decidido que seremos dos. He decidido seguirla, compartir su diferencia, su grandeza y conocer lo que esconde. Quiero participar de su misterio, ser su cómplice y vivir sus secretos. Hoy decidí quedarme en Las ruinas del antiguo convento de Santa Agueda. Maria siempre desaparece aquí. Hoy no estará sola.

Aprieto mis puños para sentirme mas fuerte, piso con fuerza y firmeza sobre las baldosas que tiemblan doloridas a mi paso. Un piano de sonidos irregulares que anuncian mi presencia mas allá de lo que desearía.

Primera sala a mi izquierda. En la penumbra alcanzo a adivinar un aula llena de pequeños pupitres apuntando a una vieja pizarra. Demasiados muebles, demasiados huecos. No entro, me da miedo. No respiro. No puedo pensar. Dudo si salir de allí, cuando leo en la pizarra

"bienvenido Juan, te estamos esperando".

Música de tambores y aquelarre. Fiesta de sangre y fuego. Maria baila desnuda y magnifica tras la siguiente puerta. Vetusto salón diáfano iluminado por el hogar de una chimenea esquinera que a duras penas alumbra los rostros siniestros de cuantos bailaban posesos junto a Maria. El pelo cubre su cara sudorosa. Frenético compás febril de danzas ancestrales. Quieto, junto a la puerta observo a Maria. La calida luz del fuego y su desnudez perfecta, convierten sus movimientos en hipnóticos. Gira y gira, no puedo dejar de mirarla. Curvas nítidas, placer vivo. Explosión de naturaleza pura. Atraccion visceral, sexual, animal. Difícil pensar. Maria me mira y sonríe porque lo sabe todo.

En esas estaba cuando alguien me abraza por la cintura y me ofrece un trago y un canuto. De pelo rojo y sonrisa maquiavélica, gordita y con unas tetas impresionantes. La miro, compruebo lo natural de su color de pelo y acepto sus refrigerios. Carla me da lo que le pida, pero yo quiero a Maria. He venido hasta aquí siguiéndola y no le quito ojo todo el tiempo. Maria lo sabe. Carla también. La música para sin previo aviso. Silencio absoluto. Comienza el ritual. Todos aplauden. primero despacio, luego mas rápido, estallan las manos en aplausos violentos. Dos hombres caen fulminados al suelo. Paran las palmas. Unos tipos recogen los cadáveres. Otra vez tengo miedo. Algo no va bien. Carla sujeta mi cabeza, algo me ha golpeado, no veo, me desmayo. solo puedo oír el ruido y la música. Noto como me mueven, como me llevan. Hace frío. Los ventanales crujen y las baldosas se mueven al pasar, como un piano macabro. No siento nada, tengo sueño. Mucho sueño...


Juan, levántate ya por favor!!!! es la una de la tarde !!!! Se puede saber a que hora llegaste anoche?? que barbaridad...anda levántate, tienes visita.

Sin tiempo para mas, la puerta de mi habitación se abre. Es Maria. Delicada belleza de ojos inmensos y piernas perfectas. Pecho exacto y cara de ángel. Se desnuda. Es mas perfecta aun que anoche. Suena la música, crujen las ventanas, estallan las baldosas de mi cuarto. Salta y encaja sobre mi. Cabalga. Respiro entre un pecho abundante y rotundo, abrazo con mi mano su cráneo entero. Mi madre se ha ido. Descubro que no estamos solos. Desde el pasillo aplauden despacio. después mas rápido, hasta que las palmadas frenéticas resuenan en todo el vecindario. Voy a morir. Miro a Maria, la rodeo con mi brazo por la cintura, la venzo, la miro...tengo frío, mucho frío...no siento nada. Tengo sueño, mucho sueño.

1 comentario:

  1. Otra historia más para contar a la luz de la lumbre.

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