La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.

"HAGO SIEMPRE LO QUE QUIERO".

Tras comentar conmigo un breve resumen de los sacrificios que este señor había hecho a lo largo de su vida para llegar al buen puerto donde descansaba, concluyó diciéndome: "No conozco nadie que haga lo que le da la gana tanto como tu, siempre haces lo que te apetece, Juan Antonio, eres un tipo libre".

Yo era un niño entonces, debe hacer veinte años que una de las personas que mas quiero y admiro, me dijo estas palabras o al menos muy parecidas. Yo sabía, sin embargo, que obviamente, no aprobaba muchas de mis conductas de adolescente liberado y el leve repaso previo a los esfuerzos que había realizado en su vida, se me antojaban inmediatamente como una moraleja mucho mas intensa y sincera que su conclusión final.

Sin juzgarme ni condenarme, me enseñaba. Esfuerzos baldíos para ahorrarme la ardua labor de aprender a base de cabezazos contra el muro de los años. Así son hoy día, decenas de frases, de conversaciones... Lecciones vitales desaprovechadas durante demasiado tiempo que rescato constantemente de mi memoria lejana para rumiarlas despacio, con la atención y el respeto que merece el manjar mas delicado.

Es inutil tratar de reconfortarse mediocre, con la constancia de que algunos no reciben jamas tales lecciones. Que no tuvieron la misma suerte y que aunque vivieran cien años no aprenderían nunca las cosas que yo hoy sé. Tampoco sirve de mucho fustigarse, apreciando nítido, como muchos otros, con menos ayuda y de menos envergadura, intuyeron conceptos similares mucho antes que yo.

Con los años he ido descubriendo cuan sabias han sido las personas con las que he tenido el privilegio de aprender y convivir.

No hace tanto tiempo que descubrí, que la satisfacción que recibimos de cada pequeño o gran éxito en la vida, es siempre proporcional al esfuerzo realizado para conseguirlo. Hasta el placer mas insignificante, no se puede obtener sin un poco de interés y voluntad.

Al final, si cada satisfacción, por pequeña que sea, requiere un esfuerzo, cuando hacemos lo que nos apetece, lo que nos da la gana, nos negamos la opción de ser felices, de recibir compensación alguna. Es entonces cuando vuelves a buscar tu felicidad perdida en otro capricho, en otro hecho inmediato y superficial que responda a tu santa voluntad esperando un placer que no llega. Cierras así, el circulo del despropósito y desaprovechas todo tu potencial por no querer entender, que cuanto mas te sacrificas para conseguir tus logros, mas feliz eres. Que lo fácil, rara vez llena y que la libertad sin responsabilidad es la esclavitud de tu propia ignorancia.

2 comentarios:

  1. Al final es el dicho típico y verdadero: es un error confundir la libertad con el libertinaje. :-))

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  2. ¿Me lo repita? Que no me he enterao...

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